Las creencias del emprendedor

08/10/2021

Cada uno de nosotros tenemos un esquema de creencias, un mapa de criterios bajo los cuales nos guiamos en el mundo, operamos en el entorno y dirigimos nuestra vida y proyectos a alcanzar. Las creencias determinan nuestra forma de ver el mundo. Configuran el filtro desde el cual analizamos la realidad, la comprendemos y la hacemos manejable.

Las creencias permiten comprender y comprendernos, pero no suponen ni la realidad ni la verdad. Generan nuestra realidad y nuestra verdad. Este hecho condiciona las opciones de acción y, por lo tanto, las posibilidades de abrir caminos y escenarios de crecimiento. Por lo mismo, las posibilidades de emprender también se ven condicionadas por el modelo de creencias que tenga cada emprendedor.

Las creencias, además, crean un proceso de retroalimentación desde la percepción a las propias creencias. Al filtrar la forma en la que vemos nuestro mundo, las creencias establecen, de manera inconsciente, los crite­rios sobre los cuales vamos a determinar nuestra atención perceptual. Es decir, que estará condicionada por el esquema de creencias de tal forma que extraeremos de la realidad aquellos datos que efectivamente corroboren el marco de creencias que ya poseemos. Pongamos un ejemplo: Si nos encontramos en una situación de desempleo en la que llevamos ocho meses parados y no hemos recibido ninguna oferta de trabajo, podemos llegar a la conclusión (creencia) de que «no hay trabajo». Además, esta realidad (subjetiva) se ve reforzada por el mensaje permanente de los medios de comunicación sobre las altas tasas de desempleo. Pero, acep­tando la realidad de las altas tasas de desempleo, no es cierto que no haya trabajo. Este bucle de creencias y formas de analizar la realidad da como resultado, en muchas ocasiones, un proceso de desactivación de la búsqueda de empleo.

Nuestras creencias nos potenciarán, o nos lastrarán, en cuanto pongamos en marcha nuestro proyecto emprendedor.

¿De dónde nos vienen las creencias?

De manera sencilla podemos decir que las creencias tienen dos fuentes fundamentales de génesis:

  • Nuestra propia experiencia.
  • Nuestra cultura

Nuestra propia experiencia. A lo largo de la vida nos vamos dotando de un credo de formas de ver y de actuar basadas tanto en nuestros conoci­mientos como en los aprendizajes que adquirimos a través de las distintas experiencias vitales.Un aprendizaje que se basa en la práctica y en los resultados que obtenemos con nuestra acción. Esta experiencia identifica los resultados que han tenido un efecto favorable y desfavorable, o que han sido más o menos resolutivos de cara a las situaciones hacia las que nos hemos enfrentado.

Nuestra cultura. La cultura a la que pertenecemos determina las formas bajo las cuales debemos actuar para alcanzar aquello que es deseable en esta cultura de referencia. Para ello se dota de una serie de creencias que delimitan (y limitan) el comportamiento. No solamente estamos hablando de aquello que es punitivo y lo que no. Abarca el conjunto de opciones y posibilidades sobre lo que es mejor. Nos situamos en casi una moralidad y una ética.

La sociedad tiene esquemas, valores y creencias acerca de lo que deben ser los modelos de funcionamiento dentro de nuestro sistema para «ganarnos la vida». De las formas bajo las cuales tenemos que actuar de cara a lograr un éxito laboral o profesional. Pensemos un poco más en detalle en esta cuestión. Identifiquemos las creencias que se encuentran detrás de estas preguntas:

  • ¿Qué se pensaba (y en ocasiones pensamos) de las personas que realizaban estudios de formación profesional?
  • ¿Qué pensamos de una persona que nos dice que trabajo como freelance?
  • ¿Qué pensamos de una persona que dice que es un empresario?
  • ¿Qué podemos llegar a pensar cuando decimos que somos microem­presarios?
  • ¿Qué pensamos de aquellas personas que entienden que la mejor opción es ser funcionario?

Lo que se encuentra detrás de estas respuestas son las creencias, más o menos colectivas, más o menos compartidas, de lo que entendemos que es válido, adecuado o bueno en aquello a lo que nos dedicamos para ganarnos la vida.

Una pregunta importante y necesaria que debe responder un empren­dedor es: ¿Qué considero que es un empresario? Y para conocer cuál es el contexto en el que se va a mover: ¿Qué es lo que piensa mi entorno que es un empresario?

Estas preguntas nos permitirán situarnos en el caldo de cultivo sobre el que vamos a construir el edificio de nuestro proyecto emprendedor/empresarial. Nos facilitará identificar las posibles resistencias que encon­tramos en nosotros mismos y en nuestro círculo social.

Los emprendedores, los futuros empresarios, tendrán que superar estos esquemas mentales. Deberán quebrar aquello que es calificado como lo esperable. Deberán romper la idea de un futuro esperable por la idea de un futuro deseable.

¿Se pueden modificar las creencias?

Cambiar las creencias es posible siempre y cuando veamos el mundo de forma diferente a la habitual. Implica un proceso sencillo pero tremendamente complejo: cambiar el observador que somos de la realidad (de los hechos) y de nosotros mismos. Estamos hablando de un proceso de toma de conciencia, en el que seamos capaces de abstraernos de nues­tros esquemas mentales. Obviar y «silenciar» las fórmulas bajo las cuales estamos extrayendo la información del entorno. Supone cambiar «el sitio» desde el que vemos las cosas.

Este proceso podemos llevarlo a cabo individualmente, a través de un camino en el que sepamos dotarnos de los instrumentos necesarios para poder recorrerlo. O bien, contar con la ayuda de un profesional, o de una persona cercana, que nos sitúe ante formas de ver distinta nuestra realidad.

Pero, para poder transformar nuestras creencias, es necesario partir de premisas sustanciales sobre las cuales poder construir el camino del cambio. Para ello debemos contar con:

  • Trabajar desde la humildad. Desde una posición en la que sea cons­ciente que mi punto de vista no es el único punto de vista. Saber que existen distintas formas de ver las cosas y la realidad.
  • Apertura. Estar abierto a nuevos planteamientos, conocimientos y puntos de vista. Ser permeable a transitar un camino de integración (que no aceptación) de nuevas ideas y perspectivas.
  • Desarrollar la acción desde la libertad. Es decir, aceptar que si quiero cambiar es debido a mi interés en cambiar. No como imposición o como falta de alternativa. Cambio porque deseo cambiar.

Bajo este escenario podemos cambiar nuestras creencias.

 

(Contenido adaptado de Jóvenes, talento y perfil emprendedor)

ETAPA EMPRENDEDORA: Sensibilización-motivación.


Para agregar a favoritos regístrate aquí
Imprimir
  • Compartir:

Recursos relacionadas

Formas jurídicas para Emprender y Escalar un negocio en Uruguay

En este taller desarrollado por Fundación da Vinci y YOUHub con apoyo de ANDE en el marco del programa #EmprenderSinFronteras, se presentan las formas ...

Ideas de negocio para emprender en pandemia

Ya estamos en la recta final del 2021 y muchos uruguayos se siguen preguntando si es un buen momento para emprender. ¿Será este el mejor momento? Muchos ...

Buenas prácticas para el contenido de una campaña de email marketing

Email marketing o emailing es el envío por mail de una campaña de marketing a una base de datos. Es una estrategia de comunicación digital y una acción ...

Embudo de conversión o funnel y temperatura de los clientes

Sin confianza, no hay venta. Hay que generar confianza durante todo el proceso de venta. En toda estrategia de marketing hay que tener en cuenta el embudo ...